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Juntos los hacedores y los beneficiarios del milagro de la libertad
Como cada año en el mes de julio, la ciudad de La Habana tributa su gratitud y su admiración a los asaltantes de los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y a los expedicionarios del Granma
Publicado:15/7/2010 Rosa Pérez López
La Habana.- En el antiguo convento Nuestra Señora de Belén, en el Centro Histórico de La Habana Vieja, se oficia cada día el milagro de que entre sus vetustas piedras rejuvenezcan los ancianos que allí disfrutan de un creativo sosiego y encuentran un nuevo sentido a su avanzada edad.
Un milagro que comenzaron a hacer posible los jóvenes que hace 57 años atacaron cuarteles en el oriente de Cuba, y los que tres años después desembarcaron en Las Coloradas para cumplirle a la Patria su promesa de independencia y dignidad.
Ya esos precursores han dejado de ser físicamente jóvenes, pero una mañana de este julio se renovó el milagro de la perenne juventud al coincidir en el bello patio central de la imponente edificación el ejemplo de los hombres del Moncada, del Carlos Manuel de Céspedes y del Granma, con la gratitud de quienes asumirse como parte de la historia se convirtiera en suceso cotidiano.
Porque hay historia también en el cubano que no estuvo aquel 26 de julio en las acciones de Santiago y Bayamo, pero después se jugó la vida dentro del Movimiento 26 de julio en la clandestinidad. Hay historia en la mujer que inspirada en la proeza de los soldados rebeldes en la Sierra, marchó como médica a otras tierras del mundo para curar las heridas de otras guerras.
Fueron esos los Moncada y los Granma de esos ancianos que una mañana de este mes de julio, en el antiguo convento Nuestra Señora de Belén, compartieron anécdotas, canciones y emociones con los héroes que hicieron posible el milagro de la verdadera independencia y de la plena dignidad |
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