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Con todos los colores de la vida, y ese bienestar que da el arte, Cuba tiene a una diáfana mujer entre sus ventanas y puertas culturales, para apreciar lo auténtico de la Isla
Publicado: 14/7/2010 Nury Torres
La Habana.- Puede decirse que en Cuba, la niñez, desde bien pronto, se aferra a un pincel, una tempera, una acuarela, una crayola o un lápiz de color. Es que los parvulitos van manejando el pulso como les van enseñando sus familiares y la escuela, para que tengan dominio del trazo, del contenido de un sombreado, de los límites del dibujo, o del sentido del garabato.
Pero el talento para desprenderse del yo interno y plasmarlo en un papel, o en la tierra, o en la pared, o en el suelo, es otra cosa. Acaba por sofocar las venas del portador de tanto espacio creativo que no puede contener; y es entonces que reproduce la belleza de un paraíso que está a sus pies, en su aire, en lo descollante de la vegetación, en la salida del Sol, o en el tibio nidito de un ave.
Admiradora como soy de su obra, reconozco, en esa magistral artista de la plástica que ella es, a esas niñas que se apoderaron de corazones, princesitas, ranas, mares, casas, veredas y muchos árboles, y atraparon cisnes blancos, con picos rojos en un papel, e hicieron bailarinas, con los tutes y las zapatillas, en hojas de papel y más tarde, tuvieron una cola de otros niños, esperando, para que sus libretas, también lucieran mapas, frutas, banderas, y hasta acotaciones, para clases de ciencias o de Dibujo Técnico.
Ella es una cubana que imita sólo su esencia de pasión y brillantez por lo que hace, y porque le pone amor al momento de la creación, se vuelven obras inmensas, exquisitas y fecundas, las pinturas que retrata en sus atriles. Si se le convida a bailar, lo hace, porque se empeñó en danzar, y ahora el ritmo le marca el paso de su espiritualidad. Si se le convida a cantar, se dispone porque también la música la emparenta con el color, y la ve alrededor de la gente, o del salón o en el espacio.
Es así que el arte brota de ella como el río que lleva en su apellido, y hace que nos sintamos felices de contar con una maestra de la plástica, que acuñó su sello pictórico en muchísimas escuelas e instalaciones, pero que ahora mismo recuerdo un mural colectivo, en la Cesáreo Fernández, del municipio Playa, adonde se forman canteras para el deporte de la natación, en esta ciudad. |
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