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Por estos días veraniegos, en que la capital de todos los cubanos es muy visitada por compatriotas de todo el país y miles de turistas extranjeros, uno de los lugares que más curiosidad despierta es la Fuente de la India o de la Noble Habana, situada muy próxima al Capitolio
Publicado: 19/7/2010 Carlos Heredia Reyes webradio@metropolitana.icrt.cu
La Habana.- En el libro “El Capitolio de La Habana”, editado recientemente, se dice que en la lejana fecha de 1841, el fotógrafo francés Antonio Razzonico retrató la Fuente de la India, que luego publicó en el Álbum Periódico de la Isla de Cuba Pintoresca.
La obra, de unos tres metros de altura, se debe a la iniciativa del Conde de Villanueva, don Claudio Martínez de Pinillos.
Cuando la trajeron de Italia en 1837, donde fue modelada en Carrara por el escultor italiano Giuseppe Gaggini, fue colocada al final de la Alameda de Extramuros, hoy Paseo del Prado, en el lugar donde hasta entonces había estado desde 1803 la estatua del rey Carlos III.
Se cuenta que la víspera de su inauguración hubo vientos fortísimos que destruyeron casas y arrancaron árboles, pero ella permaneció incólume sin sufrir daño alguno, ni tan siquiera el manto que la cubría.
La figura de la hermosa joven india que exhibe, de actitud serena, porte y perfil clásicos muy propios de la estética y los cánones europeos, se convirtió en el símbolo más popular de La Habana del siglo XIX.
La fuente ha sido inspiración de poetas, y hasta de cuentos fantásticos. Pero también ha tenido varias ubicaciones. La primera, frente a la puerta Este del llamado Campo de Marte. Posteriormente en 1863, por acuerdo del Ayuntamiento, se trasladó al Parque Central, identificado entonces con el nombre de Isabel II.
En 1875, el monumento fue ubicado, nuevamente, donde se aprecia en la actualidad, pero con una singularidad: la cara de la estatua se situó en dirección hacia el oeste.
Una de las más completas descripciones del monumento, se debe al escritor don Tranquilino Sandalio de Noda, quien en 1840 apuntaba:
Lo cierto es que este conjunto escultórico pese a vientos y mareas, a tempestades y desafíos de todo tipo, se mantiene inmutable, o como acertadamente escribiera alguien en una ocasión:
“Hoy, como hace un siglo, a la vera de esta estatua de la India o de la Noble Habana, cuatro generaciones de habaneros han paseado sus alegrías mozas, antaño en volantas y quitrines, y hoy en autos bulliciosos y policromados, que raudos pasan, perturbando la serena quietud de la India inmutable, que desde su rústico trono parece contemplar complacida y extática el jubiloso desfile que se adentra por los cuatro puntos de la ciudad en una euforia de vida y progreso”. |
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