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Publicado: 21/7/2010 Ana Margarita Sánchez Soler
La Habana.- El arte y la literatura cubana han mostrado una capacidad intrínseca para expresar con organicidad y altura estética eventos fundamentales de su historia. Conmover, volver sobre episodios que han marcado nuestra existencia como nación, ha sido uno de sus méritos singulares.
Bertillón 166 es una de esas crónicas fundamentales que dan fe de una etapa cardinal de nuestra historia, retomando la fecha gloriosa del 26 de Julio como subtexto a partir del cual se derivan acciones y aconteceres de la trama novelesca escrita con maestría por el extraordinario escritor santiaguero José Soler Puig.
La atractiva narración se inscribe en lo que pudiéramos denominar novela de atmósferas, siendo este un aporte que el propio autor siempre le reconoció como una de sus contribuciones más logradas.
Bertillón 166, clave camuflada con que el sistema represivo de Batista eludía nombrar las causas directas de muerte de muchos de los revolucionarios que caían en sus mazmorras o masacrados en plena calle, sirve como título novelado a Soler Puig para indagar en el entramado universo de iras y silencios, acciones y contragolpes acaecidos en los últimos días de la tiranía batistiana, si bien sus tópicos históricos remontan vuelos a episodios pivotales de la epopeya revolucionaria y la clandestinidad como el asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953.
Soler hace una radiografía de su época signada por el terror, pero también marcada por el empuje y astucia de los combatientes que en el llano o en la sierra practicaban acciones decisivas para un cambio definitivo, donde el país pudiera vivir conforme a la máxima martiana: “Yo quiero que el respeto a la dignidad plena del hombre sea el primer derecho de la verdadera República”.
Una generación, la del Centenario, sería la protagonista de esta gesta que haría cosecha años después mediante la acción transformadora de la Revolución triunfante en 1959.
Novela-reportaje, Bertillón 166 no cae en esquematismos. Son sus personajes de carne y hueso, matizados por sus dudas y sus miedos, sus sueños y fracasos, sus odios y cobardías los que ganan la admiración de los lectores de ayer y de hoy, seducidos por una narración realista y bien contada. Y de ahí brota lo mejor y más creíble de sus humanidades.
José Antonio Portuondo, reconocido intelectual cubano a quien en realidad debe Soler Puig la idea original de la comentada novela cubana, tuvo en alta estima el texto definitivo, una vez escrito por su autor: En la novela, reconocía Portuondo, prevalece “el reflejo más fiel aparecido hasta ahora de la acción clandestina de las ciudades, de la atmósfera de terror y heroísmo, de la lucha por la libertad, no cuajada aún en un coherente ideario político y social.”
Años después, otros novelistas y cuentistas, en su mayor parte santiagueros, han retomado la base de esta ficción cuyo legado histórico permanece marcando tantas historias de vida en nuestro país.
El camino abierto por Soler Puig es una cantera de inspiración noble para escritores de pluma honda, capaces de recrear en el espíritu de la literatura otras vidas e historias posibles ligadas al tronco común de nuestra Patria. |
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Directora:
Noevia Ichazo Rodríguez, Editora Jefa: Lídice
Valenzuela García |