La Habana.- Interesada en un repertorio de imágenes que
remiten a una tradición donde lo más importante es el
contenido simbólico, la obra plástica de Aimée García
Marrero seduce por su misterio, innegable buena factura y
capacidad de sugerencia.
Graduada del Instituto Superior de Arte en La Habana en el
año 1996, su quehacer coincide con un momento de plenitud
del arte cubano: los difíciles y polémicos años 90, época de
sobrevivencia donde hacer cultura era una alternativa y un
reto. La dura década vio nacer un arte inteligente y
decidido que, enfrentando el recio nudo gordiano de la
década precedente, optó por desatarlo antes que cortarlo.
Importantes
estudiosos han iluminado esta zona del pensamiento y las
prácticas artísticas en nuestro país. Todos, o casi todos,
coinciden en que por contraste con los clamorosos años 80-de
ímpetu crítico, de reflexión directa sobre las temáticas
sociales,- el arte de los 90 despliega una mirada elíptica
de las obras, llenas de sobreentendidos, de una aparente
retirada sólo para arremeter con más fuerza a través de
diversos enfoques, los cometidos artísticos.
Aimée desarrolla sus trabajos pictóricos en este contexto de
transición y de suma fecundidad.
Muchos artistas cubanos en plena crisis económica profunda
emigran; otros permanecen aquí y comienzan a desarrollar un
pensamiento altamente metafórico, donde se aprecia una mayor
introspección en los mensajes y cierto culteranismo en las
formas; una superior incorporación de las mujeres en el
campo artístico.
El neohistoricismo con el que comienza Aimée García es uno
de esos caminos inexplorados que iniciaron los 90 en Cuba.
Inclinada a una figuración realista, a narrativas
semiocultas, a símbolos oscuros, su pintura es intensamente
alegórica. Maestros de la pintura como Van Eyk habitan sus
cuadros; otros, como Vermeer, le acompañan en esos
enigmáticos y paradójicamente calmos quehaceres cotidianos
de los pintores flamencos.
Para
la pintura de Aimée es esencial la mirada cómplice del
espectador.Tal vez uno de los ángulos de mayor atracción en
este sentido lo sean las poses elegidas por su creadora para
ejercer, sobre quienes miramos, una rara fascinación que
obliga a fisgonear en derredor como buscando cuentas de lo
visto, pero siempre con un ángulo de sospechas a dilucidar…
La utilización de referentes pictóricos que provienen de
determinada apariencia histórica dentro del arte (el
renacimiento o el clasicismo) no pasa de ser, en su
estrategia pictórica, más que el lenguaje con que se
articulan los mensajes dentro de la obra. A su vez, es
motivación que complementa el interés de abordar temas que
parten de la mitología antigua, el cristianismo y otros
temas de la pintura europea, con el fin de establecer un
juego de simulacros entre la realidad y lo representado,
creando a su vez un discurso abierto que brota del planteo
de grandes temas existenciales.
La obra de Aimée García Marrero es ampliamente conocida en
muchas importantes galerías del mundo. Obras suyas figuran
en colecciones privadas y públicas enalteciendo la valía del
arte cubano más actual.