La Habana.- Tímida y anchurosa como el azul de sus ojos;
delicada en su firmeza de carácter; dueña de un mundo interior
escoltado por ángeles que vedan la acogida a extraños; la imagen
que guardo de Beatriz Santacana es la de una artesana que modela
con amor y paciencia las criaturas que alguna vez verán la luz
en difíciles partos creativos.
Fascinada por la cultura mexicana que conoce de primera mano, la
atracción de Beatriz por los iconos aztecas es de amplio
registro: suele admirar la artesanía popular de rica imaginería
policroma o emocionarse ante la figuración irrepetible de Frida
Kahlo, trazada con el corazón ensangrentado; considerar del
muralismo su vocación narrativa tanto como sus rendimientos
para la experimentación técnica. Pero, sin dudas, es Rufino
Tamayo una influencia conscientemente asumida en el gusto de la
artista por una figuración capaz de desdibujarse a sí misma
mientras conserva sus señas de identidad; el Rufino
deliciosamente sensual de Desnudo en Blanco en el que
Tamayo revela el celo íntimo de dos amantes: una mujer en primer
plano y, detrás de ella, una figura masculina difuminada…
Beatriz
Santacana es, también, una persona abierta al aprendizaje;
sensible a la conversación íntima, a la degustación de un buen
café cubano compartido entre amigos incondicionales y una amante
fiel de su familia y su hogar.
Abogada de
formación y ceramista por vocación ha debutado con acierto en el
panorama de las artes plásticas cubanas contemporáneas. Sus
proyectos han sido diversos, abarcando manifestaciones disímiles
como la instalación, escultura y actualmente paneles de azulejos
esmaltados. Las exposiciones en que ha participado han ido
trazando una ruta de provechosos intercambios con autores del
ramo cuya consecuencia de mayor impacto para la artista ha sido
la perenne búsqueda y el continuado estudio. También ha
disfrutado importantes premios como el obtenido en el Quinto
Salón “Mirta García Buch”, ACAA, 2005 o el Premio Opera Prima,
VIII Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, 2006, Museo Nacional de
la Cerámica Contemporánea Cubana y, más recientemente, la
Mención en Fiart 2009.
Sus paneles de azulejos, trabajo que ha venido realizando en los
últimos tiempos, han ido ganando espacios y admiración notorios.
Ensamblados en medianos y grandes formatos como conjuntos de
factura mural, la creadora incursiona en figuraciones que
comparten el gusto por una línea segura y amplitud cromática,
permitiendo el libre vuelo de la imaginación del espectador.
Los
asuntos suelen ser diversos tanto como las morfologías
empleadas: en unos casos un ave puede cautivar en la disposición
simpática de una cabeza de perfil que permite el trazado de un
ojo circular expectante; mientras el resto del cuerpo,
inclinado, se rompe bruscamente por la colocación de aquella en
dirección contraria al mismo: posición expresiva para atrapar un
gesto asombroso; Otras veces domina el color azul como
fondo, en una suerte de regodeo de la tinta, donde armonía y
equilibrio coexisten mediante un juego de trazos que,
hilvanados en diagonal, terminan dividiendo áreas triangulares
rellenas de color rojo, consintiendo un sugestivo diseño
geométrico.
Pero el libre juego de la imaginación se abre paso a partir de
los motivos delineados por Beatriz. En razón de esa potestad
podremos percibir otras transfiguraciones: anclas, campanas y
peces, ubicados en puntos estratégicos, tejiendo redes que
nuestra mente completa en su esfuerzo por integrarse a la trama
visual exhibida, o ser parte de un sentimiento compartido con su
autora.
En la obra plástica de esta creadora cubana existe otro rasgo de
marcada atracción: su sensualidad. Muchas de sus piezas emanan
emoción palpitante, bien sea a través de onduladas líneas o de
caprichosas disposiciones figurativas que suelen evocar la obra
de Joan Miró. Puede uno encontrar figuras sugerentemente unidas
en la pulsación de un deseo que alcanza a quebrar la línea
compositiva; Otras veces las figuras coronan sus cuerpos con
formas ovaladas atrayentes en la simbología- subsumida- de una
apetitosa fruta. Suelen ser escenas realizadas con colores
complementarios, el verde y el rojo mezclados, u otras
combinaciones entrelazadas al fondo o superpuestas a las
figuras.
Las texturas de las piezas añaden una materialidad que enriquece
los asuntos tratados; el esmalte matiza, en sus contrastes con
la gama cromática, una figuración de signo cubista fusionada a
contrastantes colores fauves característicos en numerosas
ejecuciones.
Diversas muestras expositivas –personales y colectivas- han
acogido los proyectos de Beatriz Santacana durante los últimos
años. Resulta grato apreciar el territorio de permanencia que
ocupan sus obras ambientales emplazadas en edificios públicos de
nuestra capital, como el Hogar Materno Celia Sánchez Manduley-Jaimanitas,
La Habana; La Casa del Benemérito de las Américas, Benito Juárez
o el Conjunto Mural Mundo emplazado en la recepción del
Centro de Negocios Miramar, Edificio Beijing. Destaca también su
magnifico Mural de azulejos cerámicos emplazados en el Museo
Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana.
Mientras todo ello ocurre, Beatriz continúa sus búsquedas:
sospecha nuevas mezclas; palpa sus manos y descubre las huellas
de tintas duraderas; muy cerca árboles espesos devuelven paz y
sombra a su incertidumbre…A pocos metros el horno cuece las
formas que ella imaginó y aún otras cuyo rostro será un
misterio a develar...Beatriz aguarda el nacimiento de sus nuevas
criaturas de arcilla.