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Fuerzas Militares de EE.UU. en Costa Rica

Nuevo peligro para la paz y la seguridad de la región

 

Al nuevo acuerdo, que permite la presencia de más de siete mil soldados y 46 buques de guerra que actuarán bajo el mando del Pentágono en ese país, se oponen miles de costarricenses, distintas organizaciones y políticos.

 

Publicado:16/6/2010

Mariela Pérez Valenzuela

mvalenzuela@enet.cu

 

La Habana.- Bajo el similar y poco creíble pretexto de combatir el narcotráfico en la región, los gobiernos de Colombia y más recientemente el de Costa Rica dieron luz verde a Estados Unidos para utilizar sus territorios en su ambicionado plan de fortalecer aún más su presencia militar en el área, lo que constituye una  amenaza a la paz de América Latina y El Caribe.

 

A la existencia de siete bases militares bajo mando estadounidense en Colombia, que hace peligrar la estabilidad de América Latina y el Caribe, se suma hoy la decisión de la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, de permitir la presencia de más de siete mil soldados norteamericanos  y 46 buques de guerra que actuarán bajo el mando del Pentágono en ese país de unos cuatro millones de habitantes.

 

Bajo el llamado Plan Colombia para supuestamente combatir el narcotráfico, el saliente presidente colombiano Álvaro Uribe, en un acto de bochornosa complacencia, autorizó la presencia en su suelo de miles de soldados norteamericanos y bases militares equipados con los artefactos bélicos más modernos, los que, hasta ahora, no han sido utilizados para frustrar alguna operación contra quienes controlan ese millonario negocio, cuyo destino es, justamente, Estados Unidos.

 

El caso de Costa Rica asombra, pues ese país prohibió en su Constitución Nacional la presencia de Fuerzas Armadas en su territorio y proclama a la nación centroamericana como una zona de paz.

 

El pasado día primero, el Congreso tica aprobó la llegada de soldados, equipos y armas estadounidenses a las costas nacionales, como parte de un convenio suscrito hace una década el cual prevé que las tropas norteamericanas, en número reducido, colaboren con la Guardia Policial en el patrullaje de las costas, pero no como ahora, con el ingreso de miles de uniformados a suelo costarricense.

 

De nada sirvió  a la presidenta sus argumentos de que las tropas estadounidenses participarían en acciones humanitarias.

 

La prensa local denunció que las naves de guerra son fragatas de 135 metros, capaces de trasladar dos helicópteros artillados SH-60 o HH-60B. También informó que otros buques y portaviones (como el USS Making Island) transportan hasta 102 oficiales y unos mil 500 soldados. Están artillados y preparados para el combate intensivo. Pueden transportar 42 helicópteros CH-46, cinco aviones de combate AV-8B y seis helicópteros Blackhawb.

 

El primer convenio de este tipo fue firmado hace 10 años, y que se renueva cada seis meses, le da la posibilidad a partir de este momento a Estados Unidos de entrar en territorio costarricense submarinos de combate, un buque hospital, vehículos de reconocimiento de gran movilidad tanto por mar como por tierra.

 

FUERTE OPOSICIÓN

 A las movilizaciones populares opuestas al nuevo acuerdo,  se han unido las voces de organizaciones y políticos que advierten sobre el peligro que este paso dado por la mandataria y su ejecutivo representa no solo para su país.

 

De “desproporcionada para el combate al narcotráfico” consideraron la ampliación del convenio los diputados de los partidos de oposición Acción Ciudadana (PAC), Unidad Social Cristiana (PUSC) y el Frente Amplio (FA).

 

En su afán desmedido por controlar la región, ya la Casa Blanca había tratado infructuosamente de acantonar sus tropas en Haití después del devastador terremoto que afectó a ese país en enero pasado, lo que provocó el repudio casi general de los los países del área. Al no conseguirlo, viró su mirada hacia Costa Rica, donde encontró aliados en Chinchilla y su gobierno.

 

Edgar Morales, dirigente de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP) costarricense, declaró al periódico Nuevo País que “ese compromiso involucra a Costa Rica en muchos niveles, en especial porque lo adhiere a los planes y a la agenda de guerra del gobierno de Obama y de paso convierte al país en un objetivo militar”.

 

Para el diputado del PUSC Lios Fishman, Chinchilla quizás ni tiene claro “el cheque en blanco que le dio a Estados Unidos, el cual, recordó, viola la Constitución Nacional, lo que es ilegal"

 





 

 

 

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