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La Habana.- Bajo el similar
y poco creíble pretexto de combatir el
narcotráfico en la región, los gobiernos de
Colombia y más recientemente el de Costa Rica
dieron luz verde a Estados Unidos para utilizar
sus territorios en su ambicionado plan de
fortalecer aún más su presencia militar en el
área, lo que constituye una amenaza a la paz de
América Latina y El Caribe.
A la existencia de siete
bases militares bajo mando estadounidense en
Colombia, que hace peligrar la estabilidad de
América Latina y el Caribe, se suma hoy la
decisión de la presidenta de Costa Rica, Laura
Chinchilla, de permitir la presencia de más de
siete mil soldados norteamericanos y 46 buques
de guerra que actuarán bajo el mando del
Pentágono en ese país de unos cuatro millones de
habitantes.
Bajo el llamado Plan
Colombia para supuestamente combatir el
narcotráfico, el saliente presidente colombiano
Álvaro Uribe, en un acto de bochornosa
complacencia, autorizó la presencia en su suelo
de miles de soldados norteamericanos y bases
militares equipados con los artefactos bélicos
más modernos, los que, hasta ahora, no han sido
utilizados para frustrar alguna operación contra
quienes controlan ese millonario negocio, cuyo
destino es, justamente, Estados Unidos.
El caso de Costa Rica
asombra, pues ese país prohibió en su
Constitución Nacional la presencia de Fuerzas
Armadas en su territorio y proclama a la nación
centroamericana como una zona de paz.
El pasado día primero, el
Congreso tica aprobó la llegada de soldados,
equipos y armas estadounidenses a las costas
nacionales, como parte de un convenio suscrito
hace una década el cual prevé que las tropas
norteamericanas, en número reducido, colaboren
con la Guardia Policial en el patrullaje de las
costas, pero no como ahora, con el ingreso de
miles de uniformados a suelo costarricense.
De nada sirvió a la
presidenta sus argumentos de que las tropas
estadounidenses participarían en acciones
humanitarias.
La prensa local denunció
que las naves de guerra son fragatas de 135
metros, capaces de trasladar dos helicópteros
artillados SH-60 o HH-60B. También informó que
otros buques y portaviones (como el USS Making
Island) transportan hasta 102 oficiales y unos
mil 500 soldados. Están artillados y preparados
para el combate intensivo. Pueden transportar 42
helicópteros CH-46, cinco aviones de combate AV-8B
y seis helicópteros Blackhawb.
El primer convenio de este
tipo fue firmado hace 10 años, y que se renueva
cada seis meses, le da la posibilidad a partir
de este momento a Estados Unidos de entrar en
territorio costarricense submarinos de combate,
un buque hospital, vehículos de reconocimiento
de gran movilidad tanto por mar como por tierra.
FUERTE OPOSICIÓN
A las movilizaciones
populares opuestas al nuevo acuerdo, se han
unido las voces de organizaciones y políticos
que advierten sobre el peligro que este paso
dado por la mandataria y su ejecutivo representa
no solo para su país.
De “desproporcionada para
el combate al narcotráfico” consideraron la
ampliación del convenio los diputados de los
partidos de oposición Acción Ciudadana (PAC),
Unidad Social Cristiana (PUSC) y el Frente
Amplio (FA).
En su afán desmedido por
controlar la región, ya la Casa Blanca había
tratado infructuosamente de acantonar sus tropas
en Haití después del devastador terremoto que
afectó a ese país en enero pasado, lo que
provocó el repudio casi general de los los
países del área. Al no conseguirlo, viró su
mirada hacia Costa Rica, donde encontró aliados
en Chinchilla y su gobierno.
Edgar Morales, dirigente de
la Asociación Nacional de Empleados Públicos y
Privados (ANEP) costarricense, declaró al
periódico Nuevo País que “ese compromiso
involucra a Costa Rica en muchos niveles, en
especial porque lo adhiere a los planes y a la
agenda de guerra del gobierno de Obama y de paso
convierte al país en un objetivo militar”.
Para el diputado del PUSC
Lios Fishman, Chinchilla quizás ni tiene claro
“el cheque en blanco que le dio a Estados
Unidos, el cual, recordó, viola la Constitución
Nacional, lo que es ilegal"